Estamos aprendiendo a vivir en una sociedad permanentemente conectada.
Las reglas sobre privacidad, atención, trabajo, educación y convivencia todavía están evolucionando. Estamos utilizando tecnologías para las que todavía estamos…
Las reglas sobre privacidad, atención, trabajo, educación y convivencia todavía están evolucionando. Estamos utilizando tecnologías para las que todavía estamos…
Permite mantener relaciones imposibles hace unas décadas, pero también reemplazar pequeñas conversaciones cotidianas por procesos automáticos.
Responder inmediatamente, enviar mensajes a cualquier hora o añadir personas a grupos sin preguntar son comportamientos recientes para los que todavía estamos…
Parques, plazas y bibliotecas permiten coincidir sin necesidad de comprar nada. En una sociedad cada vez más comercializada, eso tiene un valor especial.
El acceso a tecnología empieza cada vez antes, mientras familias, escuelas y administraciones intentan encontrar un equilibrio entre oportunidad y protección.
Series, juegos, vídeos, redes, libros y podcasts ofrecen posibilidades casi infinitas. Elegir a qué no dedicar tiempo empieza a ser tan importante como elegir qué hacer.
Vivienda, movilidad, ocio, tecnología y cuidados tendrán que adaptarse a una población con necesidades distintas. La longevidad no es solo una cuestión sanitaria.
Cada búsqueda, compra y desplazamiento puede producir datos. Decidir cuáles queremos compartir empieza a formar parte de nuestras decisiones cotidianas.
Teletrabajo, conectividad y servicios digitales permiten realizar desde lugares pequeños trabajos que antes exigían vivir cerca de una gran oficina.
Tecnología, empleos y herramientas cambian demasiado deprisa. Aprender pequeñas habilidades durante toda la vida empieza a resultar más útil que confiar únicamente en…